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LOS VECINOS DE VILLA LUGANO RECLAMARON CAMBIOS SOBRE EL MASTERPLAN DELLEPIANE


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El jueves 19 de febrero no fue un día cualquiera para los vecinos del sur de la Ciudad de Buenos Aires. Lejos de la frialdad de los despachos gubernamentales y los expedientes técnicos, lo que estaba en juego era el alma misma de su barrio. Ese día, los integrantes del colectivo vecinal “No Dividan Lugano Oficial” se sentaron cara a cara con el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Llevaban bajo el brazo mucho más que carpetas: llevaban la preocupación palpable de miles de familias ante el inminente avance del Masterplan Dellepiane, un megaproyecto urbanístico y vial que amenaza con transformar para siempre la fisonomía y la tranquilidad de Villa Lugano. La reunión no fue un simple trámite administrativo, sino un capítulo crucial en el debate abierto sobre cómo la modernización de una autopista no puede hacerse a costa de la calidad de vida de quienes habitan a sus márgenes.

El encuentro, que se extendió durante un intenso intercambio de posturas, dejó en evidencia una desconexión fundamental entre los tableros de diseño del Gobierno y la realidad de las calles de Lugano. Los vecinos no llegaron a la mesa con quejas vacías, sino con sólidos cuestionamientos técnicos y urbanísticos, demostrando que quienes habitan el territorio son muchas veces quienes mejor lo comprenden.

Uno de los momentos más tensos y reveladores de la charla giró en torno a los pulmones verdes del barrio, esos espacios donde los chicos juegan, los jubilados toman mate y las familias se reúnen los fines de semana. Las cifras oficiales aseguran que la obra solo implicará una pérdida del 1,9% de los espacios verdes. Sin embargo, los vecinos no se tragaron el número digerido.

Profesionales que viven en el barrio se tomaron el inmenso trabajo de desmenuzar la Resolución 339/2024 y leer, página por página, un expediente técnico de más de mil fojas. Sus cálculos dibujan un panorama mucho más sombrío y alarmante. Cuando se le pidió a las autoridades que explicaran, con peras y manzanas, cuál fue la metodología exacta para llegar a ese optimista 1,9%, las respuestas oficiales se diluyeron en evasivas. Para los vecinos, cada metro cuadrado de pasto que se convierte en cemento es una herida en la identidad de Lugano, y la falta de transparencia en los números solo alimenta la desconfianza.

Pero el verde no es lo único que quita el sueño a la comunidad. A medida que el proyecto avanza, los vecinos sienten que les van cambiando las reglas del juego. Durante las primeras etapas de planificación, se les había asegurado que el nuevo esquema vial de la Dellepiane no incluiría peajes. Hoy, esa promesa parece haberse esfumado, abriendo la puerta a un problema mucho mayor y más peligroso. El razonamiento de los vecinos es de puro sentido común: si se instalan peajes, los automovilistas inevitablemente buscarán rutas alternativas para evitar el pago. ¿Y por dónde van a pasar? Por las calles frentistas y las colectoras del barrio.

Imaginar las tranquilas calles internas de Villa Lugano inundadas por un tráfico furioso y constante es una pesadilla para quienes viven allí. Los vecinos advirtieron a Jorge Macri sobre el altísimo riesgo de que la pelgigrosidad de la autopista se traslade directamente a la puerta de sus casas. Existe un miedo genuino por el incremento de accidentes, especialmente porque el barrio no está preparado para semejante volumen de tránsito pesado. Además, plantearon una inquietud profundamente humana que rara vez aparece en los renders de los arquitectos: la accesibilidad. Las modificaciones en el trazado urbano corren el riesgo de convertirse en barreras arquitectónicas infranqueables para las personas mayores, los vecinos con discapacidades motoras o aquellos con movilidad reducida. Lo que el Gobierno llama "optimización del flujo vehicular", los vecinos temen que se traduzca en un barrio fragmentado, donde cruzar de un lado al otro se convierta en una odisea peligrosa. "No dividan Lugano" no es solo el nombre de su agrupación; es un ruego literal.

Esta propuesta contempla la creación de estaciones intermedias estratégicas y una conexión fluida en Plaza de los Virreyes. Para los vecinos, esta es la verdadera infraestructura del siglo XXI: una red de transporte ferroviario subterráneo, rápido, limpio y masivo. Una obra de esta magnitud no solo reduciría drásticamente la cantidad de vehículos particulares que colapsan los accesos a Buenos Aires todos los días, sino que le devolvería a Lugano el tiempo perdido en el tráfico y lo integraría de forma eficiente y digna al resto de la ciudad. Además, le recordaron al jefe de Gobierno que esta idea no es un capricho vecinal, sino que se alinea perfectamente con los mismísimos objetivos ambientales e integrales que el propio Estado redactó en el Plan de Movilidad 2030.

La reunión llegó a su fin, pero la lucha de este rincón de la ciudad recién comienza a tomar nueva fuerza. Al salir del encuentro, lejos de sentirse derrotados o conformes con promesas vacías, los representantes de “No Dividan Lugano Oficial” reafirmaron su compromiso inquebrantable de seguir cada paso del Masterplan con lupa. Dejaron en claro que no están en contra del progreso, sino a favor de un progreso que tenga rostro humano

 

 

Fte: buenosaires.gob.ar y comuna8.com.ar
Redacción / Edición: Libralato Romina
publicación: 25 de febrero de 2026- caracteres 5201

   

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